
Mis Dibujos :)
A todos nos contaron la historia de Adán y Eva. Vivian en un lugar perfecto, donde nada faltaba y donde se era feliz sin esfuerzo. Cada día agradecían al señor y hacía una alabanza “Aleluya, alabado sea Dios por este paraíso”.
Pero por desobedecer una ley nos expulsaron del paraíso, aunque yo creo que fue mucho peor que eso, no nos expulsaron, sino que nos dejaron en el paraíso pero ciegos. Nos quitaron la capacidad de ver el paraíso en el que vivimos.
Si uno pudiera abrir los ojos y ver, ver lo que nos rodea, los milagros cotidianos, la belleza, el milagro del amor, de la amistad.
Si pudiéramos ver la magia de cada día, los amaneceres y los atardeceres, el poder de la naturaleza. Si pudiéramos ser conscientes de la vida que siempre se abre paso. Si entendiéramos que existir ya es estar en ese paraíso diríamos todos los días “Aleluya”.
Aleluya por poder ser testigos y parte de este milagro. Aleluya por tener la capacidad de emocionarnos. Por ser los únicos seres capaces de reír y de llorar.
Pasamos toda nuestra vida intentando de regresar al paraíso cuando en realidad vivimos en él. Solo hay que abrir los ojos, despertar y verlo. No solo estamos en el paraíso, sino que somos el paraíso.
Aleluya, alabado sea Dios, la vida, la energía o lo que vos creas. Aleluya por eso. Aleluya por el amor, por la alegría y por el dolor. Aleluya por los amigos, hermanos, padres, madres, hijos, aleluya.
Aleluya por ese paraíso en el que vivimos y por el que vale la pena sacrificarse.
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Para transitar algunos dolores, para poder abrirnos a ellos hay que animarse a perdonar.
Perdonar es soltar la culpa, dejarla ir. La culpa es un ancla que nos detiene.
Al perdonar, al soltar la culpa, nos soltamos nosotros. Nos permitimos avanzar.
Castigarnos una y otra vez por algo que no podemos cambiar nos detiene en el tiempo.
Hay que salirse de la huella, de esos pasos que nos llevan una y otra vez al mismo camino.
Perdonar, perdonarse, es crecer.
Hay que animarse a avanzar, a no repetir las mismas respuestas a los mismos problemas.
Nos cuesta perdonarnos y eso nos destina a quedarnos congelados en el error que cometimos. No perdonarnos es nuestra forma de castigarnos.
Perdonar es más que perdonar a otro, es entender que no somos culpables de las impotencias de los otros.
Cuando repetimos aquello que nos hace mal en realidad es nuestro interno por repararlo. Es un intento porque aquello que fue no sea.
Cuando volvemos al mismo sentimiento buscamos la chance de cambiar lo que pasó. Un imposible.
Perdonarse es soltar la culpa de existir.
Hay deseos muertos, que nos atan, nos detienen en el camino. Están los otros, los que nos empujan, los que nos abren el camino.
Los deseos muertos quieren cambiar lo que no se puede cambiar. Nos hacen mirar atrás, niegan el perdón y la posibilidad de perdonar.
Perdonar es dejar en el pasado lo que es el pasado. Es acomodar ese trauma en donde corresponde. Es reconstruir desde las ruinas. Es cerrar esa puerta. Es dejar que el tren avance. Es volver a jugar el partido. Es afirmar la propia identidad. Es animarse a ser otro. Es superar nuestros miedos. Es enfrentar nuestros miedos. Es luchar contra nuestros demonios. Es reencontrarse con uno mismo.
Perdonar y perdonarse es soltar eso que nos tiene detenidos en el tiempo, y al fin poder avanzar.Para leer aparte y comentar click
El hombre es un animal de costumbre dicen… Nos gusta la costumbre, cualquier cosa que nos saque de eso, nos desconcierta.
Luna- “Según Pavlov, si un perro se acostumbra a oír una campana cada vez que le dan de comer, luego, segregara saliva con cada campanada que escuche; aunque no le den de comer”
Todo es cuestión de costumbre. Nos acostumbramos incluso a lo que nos hace mal… mejor malo conocido, que bueno por conocer ¿no?. Lo nuevo, a lo que no estamos acostumbrados, nos desconcierta, nos inquieta. ¿Para que vamos a cambiar si así estamos bien?
-Tefi-
Tefi- Una vez estaba re mal, y hable con tu mama, y me hizo re bien, y pense que podía hablar con vos, ¿puedo?
Paz ¿Por que estas triste?
Tefi- Por que nunca nadie me va a amar de verdad. No se que tengo, pero no me ama. Prefieren a otras porque son rubias, porque tienen ojos verdes, porque son más lindas que yo? No es por eso, pero no se por qué es.
Paz- Tía, el tío Luca se enamoró de vos.
Tefi- No, yo quería creer eso, pero era mentira. Te juro que me pone tan mal. Yo lo amaba ¿entendes?
Yo antes estaba acostumbrada a estar sola, pero después apareció él, y me miro y me eligió. Y ahí ya aprendí a sentirme querida. Pero ahora es horrible, no puedo soportar, tengo un dolor acá en la panza que no doy más.
Paz- Bueno, pero el tío Luca no es el único hombre en el mundo.
Tefi- Ya se que me vas a decir, ya lo se, que soy linda, que tengo onda, que soy re top… y yo, no lo creo, porque yo se que no es así, yo estoy acostumbrada a esto.
La primera vez que yo sentí que valía la pena fue cuando Luca se fijó en mí. Y aprendí a sentir que valía la pena, pero después se enamoró de Jazmín y yo no puedo más.
Paz- Tefi, que alguien te mire, te elija o no, no te hace más o menos valiosa. Eso depende de vos.
Tefi- Si, ya se que depende de mí. Y me lo decís vos, me lo digo yo y no lo creo eso. ¿Por qué es tan difícil todo?
¿Cómo haces de un día para el otro para vivir sin eso que era la razón de tu vida?
Nos da pánico la idea de despertar y sentir que todo cambió, que nada es como era.
Cuando te acostumbras a un amor, una piel, un olorcito, una sonrisa, perder eso es como quedarte sin aire.
Tefi- No quiero sufrir más, no lo soporto.
Paz- Ya te vas a acostumbrar a estas decepciones, así es el amor.
Tefi- No, el amor no es lo mío me parece.
Paz- No digas pavadas.
Tefi- Es así, te juro. Yo no lo soporto más esto. Yo no me quiero, me detesto. Y mientras yo no me quiera nadie más me va a querer. Yo estoy acostumbrada a odiarme, y nunca lo voy a poder cambiar eso.
Paz- Hay flores más fáciles, y otras más difíciles, pero todas en algún momento se abren y sueltan su esencia.
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Hoy, que estoy más cerca del arpa que de la guitarra, y con la claridad que da esa cercanía, yo quisiera decirles amigos… basta. Basta de vivir así. ¿Saben cuál es el problema? El problema es la obsesión que tienen con la felicidad. ¿Por qué no se dejan de corchar con la felicidad? Todos, absolutamente todos están dele que te dele buscando la felicidad ¿Y qué es lo único que encuentran? Amargura. ¿Por qué? Porque esa felicidad que tan obsesionados están buscando es lo que los está torturando en verdad.
Viven amargados buscando ese algo que les falta, ese algo que no tienen, ese algo que de tenerlo los haría más felices.
Viven en las mismísimas puertas del cielo mis queridos borregos, siempre ahí a punto de entrar, a punto de llegar, a punto de conseguir esos cinco que faltan para el peso. Siempre ahí apunto de… golpeando las puertas del cielo, tratando de recuperar ese paraíso perdido, queriendo siempre llegar a la felicidad.
Vivimos en las puertas del paraíso y créanme, borregos míos, que si cruzan esa puerta todo se termina. Porque esa felicidad, supuesta, ese cielo, ese paraíso, es que nada falte ¿pero qué pasa? Siempre falta algo. Y está muy bien que sea así, porque eso que nos falta es lo que nos mantiene vivos.
La felicidad no es tenerlo todo, la felicidad son esos momentos lindos, fugaces, esos chubasquitos de éxtasis que ocurren muy de cuando en cuando, mientras uno sigue buscando ese algo que falta.
Amigos míos, si vivimos siempre amargados buscando eso que nos falta vamos a estar siempre ante las puertas del cielo, siempre mirando la fiesta desde afuera.
Estoy embarazada de dos meses, a lo sumo me quedaran siete de vida. Acá un amigo mío me ayudó, 210 días, eso significa doscientas diez oportunidades de encontrar esos chubasquitos de felicidad.
Asique mis amores, a todos los que están ahí escuchando, golpeando las puertas del cielo, les comento que la fiesta está en otro lado.
Y los invito a mi fiesta de la primavera. No es una gran fiesta, no es todo lo que les falta, pero yo creo que si estamos todos juntos va a estar buena.
La amargura de buscar la felicidad y no encontrarla, de estar en las puertas del paraíso y no poder entrar. Esa amargura nos hace perder de la fiesta, de la fiesta de estar vivos.
Asique borrego, deja de pensar tanto en la felicidad y el paraíso, mejor sumate a la fiesta que está buena. Sumate.
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